Unos hablan de sana competencia, otros hablan de competencia desleal, los más quejosos sugieren que los prestadores de servicio estandaricen u homologuen us precios.

Todo esto es absurdo por las razones siguientes:

La competencia laboral tal cual no existe porque no se mide en las mismas condiciones como se mide en una justa deportiva, donde están en las mismas condiciones, como una pista, que sería la interpretación de la herramienta, no son los mismos metros, lo que sería la interpretación de tiempos de entrega, no se trata de batir un récord, lo que se interpreta como la suma factor tiempo de entrega y calidad superior.

Debido al punto anterior, si la competencia laboral no existe, la competencia desleal tampoco. No existe porque evidentemente trabajan en condiciones diferentes, con herramienta diferente, planificación diferente y aspectos creativos o innovación laboral/calidad distinta. Todo aquel que se queja de una competencia desleal es una persona que su capacidad de transformar las cosas (debemos aceptarlo) es muy limitada. ¿Por qué? Por la razón que el desleal tuvo una mejor idea que el quejoso en turno no ha tenido o no tuvo.

Los quejosos siempre buscan homologar o estandarizar los precios para no quedarse atrás y tener un beneficio económico “justo” para todos; por eso buscan agrupar y no segmentar. Pero lo justo para todos, es que cada quien explote su potencial creativo, crecer al ritmo según su potencial empresarial y no estar observando de tiempo completo qué hacen los demás.

No podemos homologar o estandarizar precios porque todos y cada uno de nosotros tenemos necesidades diferentes, como los gastos fijos del lugar donde trabajamos, número de colaboradores que trabajan ahí, prestaciones, impuestos, entre otros; pero lo más importante, las condiciones de vida individual que cubran las necesidades que tenemos y deseemos a futuro.

Homologar o estandarizar precios significa frenar el sentido evolutivo del negocio y lo más importante, los clientes selectos no buscan el precio homologado, mucho menos el precio del “es lo menos”, ni un producto final bajo los estándares masivos; los clientes selectos buscan exclusividad, servicio integral, garantía y PROTEGER SU INVERSIÓN. La inversión del cliente selecto está en tus manos, ¡protégela!, es tu patrimonio también.

La palabra competencia en el área laboral también es la trampa que los proveedores vivales usan para convencerte de adquirir sus productos, pasando por encima de tu razón, capacidad de comprender, y explotar los diversos consumibles que existen en el mercado con la única finalidad de llenarle sus bolsillos de dinero a cambio de premiarte con una distribución exclusiva, como buena mascota entrenada para obedecer la orden del amo. Otros hasta playeras te dan, para que sientas que en el pecho llevas puesta la “S” de Superman y le des promoción gratuita a su marca (en lugar de promover tu propia firma claro está).

Bajo estos razonamientos, ¿aún quieres competir u homologar tus servicios?

Recuerda que la competencia genera la extinción, la unión razonable impulsa la evolución.

Por Enrique Gálvez, CEO en Inferno Garage.
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